
Esta historia creo que es de las más entretenidas porque tiene de todo. Os pongo en situación. Resulta que el chico de esta historia era alguien que yo conocí siendo una adolescente, todas en el instituto estábamos como locas por él. Era el típico malote buenorro que hacía que todas suspirásemos por él. Era un chulo, pero podía. Alto, moreno, ojos claros y encima estaba tó potente. Vamos que nos ponía a cien.
En aquella época yo era mucho más tímida y me sentía mas insegura con mi cuerpo pues estaba bastante más rellenita y yo veía a Manu como algo inalcanzable. Por lo que nunca me atreví a decirle nada, sobre todo porque viendo de las tías que se rodeaba sabía que nunca se fijaría en mí
Pero la vida da muchas vueltas y hace unos meses retomamos el contacto. Nos encontramos en una red social por casualidad y comenzamos a hablar. Cotilleé un poco su perfil y vi que los años le habían tratado bien, pues estaba igual o mejor que antes. Así que nos pusimos al día y vi que Manu estaba muy receptivo y ,chica que quieres que te diga, era un espinita clavada que tenía desde adolescente, por lo que aproveché la situación para tontear un poquito y ver hasta donde llegaba aquello.
Aunque hablábamos de vez en cuando, las conversaciones se hacían cada vez más entretenidas y mas subidas de tono, hasta tal punto que nos animamos a hacer un poquito de “sexting” y que buenos ratos pasábamos. Pero aquello se nos estaba quedando ya pequeño pues la tensión sexual era más que evidente y siempre hablábamos de quedar pero nuestras situaciones personales lo hacían muy complicado.
Hasta que un día, afortunadamente para los dos, él tenía que venir a la ciudad para hacer un examen. Lo preparamos todo con bastante antelación, queríamos asegurarnos de poder tener esa cita pendiente que tanto tiempo habíamos estamos esperando.
Yo me preparé a conciencia y cuando digo esto lo digo en serio. Resulta que justo unos días antes me había bajado la regla y yo estaba angustiada pensando que no iba a terminar a tiempo y así fue, el día de la cita aún estaba “manchando”. Así que pensé, esto no me va a joder la cita y me puse una “esponja tampón” para que no hubiera ningún drama. Me arreglé, me puse crema en todo el cuerpo y mi mejor perfume, ya que por fin iba a tener ese ansiado encuentro.
Él se había pillado un hotel, así que me fui para allá. Sabíamos lo que queríamos, no era necesario ningún preámbulo…Cuando me abrió la puerta apareció en pijama, estaba todo acoplado en la cama, yo me quité los zapatos y me tumbé junto a él. Creo que charlamos unos cinco minutos cuando pasamos a la acción.
¿Estás nerviosa?, me preguntó. No, le dije. Así que empezó a comerme la boca y a desnudarme. La ropa empezó a volar por la habitación y pronto me puso de rodillas para que le hiciera una mamada, yo ya sabía que tenía un punto dominante pero a mi eso me gusta por lo que accedí encantada. Le bajé los pantalones y los bóxers y vi la herramienta que gastaba Manu. Una doble G en toda regla. Yo mas contenta que una niña pequeña. Así que empecé a lamer y chupar poco a poco y creo que no pasaron ni dos minutos cuando me pidió cambiar de posición para hacerme un “downtown”. Me moría de ganas por ver qué era capaz de hacerme y me ponía mucho verlo entre mis piernas por fin.
Me subió las piernas mientras me lamía y succionaba, yo le cogí del pelo para marcarle el ritmo, una de las imágenes que jamás olvidaré
Me subió las piernas mientras me lamía y succionaba, yo le cogí del pelo para marcarle el ritmo, una de las imágenes que jamás olvidaré pues por fin había conseguido que Manu estuviera donde tantas veces habíamos hablado y que tras no atreverme a entrarle de adolescente, si que lo había hecho de adulta. Estuvo unos cinco minutos por ahí abajo pero los dos estábamos deseando de “probarnos”
Tras ponerle el condón me subí encima dispuesta a cabalgar, sin embargo creo que fue sentarme y decirme “tenía que haberme puesto yo arriba”, entendí que él estaba muy cachondo, no sé si era por la situación, porque llevaba tiempo a dos velas pero estaba demasiado excitado y accedí al cambio para que llevara el ritmo.
A pesar de que era él quien marcaba el ritmo no conseguía controlarse pues cada dos embestidas tenía que parar porque se iba a correr. En ese momento le dije que no pasaba nada que podía dejarse llevar y luego retomábamos pero me dijo que iba a ser peor porque luego le costaba recuperarse aún más. Por lo que íbamos despacio para que no se fuera…
El problema es que no había forma, creo que aguantó unos dos minutos más encima y aunque cambiamos de postura iba a peor, por lo que finalmente no pudo aguantar y se corrió. Creo que no aguantamos ni 15 minutos haciéndolo, pero lo peor fue que ni siquiera sugirió de seguir para que yo pudiera terminar, porque obviamente yo ni había empezado.
Así que bueno tras despedirme rápidamente, viendo el percal, cogí mis cosas y me fui a casa. Como estaba arriba pensé que podía terminarme yo solita, fui ahí cuando caí en la “esponja” y en que la doble G la habría metido bien hasta el fondo…Efectivamente amiga, ¡en qué momento se me ocurrió ponérmela! Cuando yo eché mano para sacarla no la encontraba.
Me vi algunas paginas con recomendaciones para extraerla, así que me dispuse con la mejor voluntad, pero aquello era misión imposible. Después de 30 minutos mi paciencia estaba llegando a su fin, me veía en urgencias diciendo que era incapaz de sacarme aquello, pues imagina intentar sacar algo con un dedo cubierto de lubricante y sin nada para hacer pinza…te puedes imaginar lo complicado del asunto. Pero para mi sorpresa diez minutos mas tarde, con mucho sudor y esfuerzo, salió.
Por lo que el polvo platónico con Manu no me salió a cuenta ya que me quedé insatisfecha y casi acabo en urgencias con el drama de la esponja dichosa, así que si alguna vez os lo habíais planteado, mi sugerencia es que NO la uséis, no vale la pena! Y como dice un buen amigo mio, a veces las cosas son mas bonitas en la imaginación…
Nos vemos en el próximo capitulo!