El niño rata

Andaba yo aburrida por el mundo de las app de contactos cuando conocí a Juan. Un chico del montón, pero que tenía algo. Un chico del centro que tenía cierto misterio, pero que se veía a la legua que era un “friki” en toda regla.

El chico además de tener un canal de Twicht, se dedicaba a hacer manualidades varias. Tenia una impresora 3D, hacía muebles de madera y lo que se propusiera.  Intentamos quedar un par de veces pero no coincidíamos, hasta que por fin se dio la cita.

Quedamos una tarde antes de irme de viaje y puesto que habíamos estado chateando y hablando bastante decidimos quedar en mi casa para tomar un “vinito”. Reconozco que cuando lo vi en persona me decepcioné un poquito pues su postura era un poco encorvada y era bastante “canijo”.

La conversación fluyó desde el principio, los dos teníamos buen palique y la cosa estaba poniéndose interesante por momentos, así que pronto rompimos el hielo y empezamos a besarnos, gracias también al vino.

Dicen que un beso te puede dar mucha información de la persona que tienes delante, si hay química y demás. Yo después de haber besado ya a unos cuantos, con mi historial de soltera, no puedo decir lo mismo, pues no era nada del otro mundo la verdad.

Sin embargo, hay que dar el beneficio de la duda porque la cosa cambió cuando entró en acción. El niño rata, como le bauticé por su lado friki, sabía muy bien lo que se hacía y tengo que admitir que esas manualidades la habían dado bastante habilidad con sus dedos. Empezó a tocarme tan bien y solo con sus dedos, que no sé si fue su pericia o mi “sequía”, pero no aguanté ni 5 minutos, cosa que muy poca gente ha logrado porque soy algo complicada. Encima tenía una herramienta bien dotada que hizo el resto.

Así fue como Juan me enganchó, empezamos a quedar en lugar de 1 vez a la semana hasta 2 y 3 veces. Unas veces en mi casa y la mayoría en la suya, ya que él no tenía coche. Afortunadamente él vivía en su piso solo, bueno casi, con dos gatos. Uno que era una amor y otro que había que pedir permiso para pasar delante de él. Además me llevaba a muchos restaurantes del centro de la ciudad y me enseñó varios muy buenos. Así comía y me comían muy bien…

Él en ese momento no trabajaba, estaba cobrando el paro y se sacaba un sobre sueldo con los directos que hacía en Twicht, A mi me gustaba porque aprendía más de ese mundillo, algo que luego lo trasladé a mi vida de forma totalmente amateur. Esa situación le daba mucha disponibilidad y empecé a incluirlo en planes con mi círculo, algo que no suelo hacer porque no había tenido mucha suerte con la gente que he conocido en las apps.

Una tarde nos fuimos al autocine, una novedad en la ciudad y encima daban la segunda parte de Top Gun, una de mis pelis favoritas. Quedamos con otra pareja y nos fuimos un rato antes para ver aquello, que por cierto estaba muy bien montado con bares para tomar algo y cenar. El plan estaba muy guay eso de ver una peli en el coche como hacen los americanos. 

El caso es que al día siguiente sin esperármelo Juan me dijo que tenía que hablar conmigo. A mí me pareció raro, pero en seguida lo soltó, “necesito un tiempo”. Sí, así tal cual…Me quedé a cuadros, no entendía nada y le pedí que al menos lo hablásemos en persona, ya que después de un tiempo yo creo que era lo mínimo. 

Apareció en mi casa esa misma tarde y todo era ya muy frío, nos saludamos con dos besos y vino a explicarme porque necesitaba un tiempo. En resumen, entre tu y yo, era que quería estar soltero para buscar nuevas tías, porque me vendió que si no se qué de la rutina…. Así que así  de un día para otro dejé de hablar con el niño rata.

PD. Después de un año me escribió al whatsapp diciéndome “oye, que tal, no busco nada, sólo quería saber qué tal te va y si estás bien”. En ese momento lo dejé en visto y pasé a bloquearlo (que no recuerdo por qué no lo había hecho antes)

Nos vemos en el siguiente capítulo!

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