
Después de varias citas con diferentes chicos, aún seguía en “adopta un tío” viendo si tenía algo más de suerte. Así fue como una tarde di por casualidad con Adán y sí, este seudónimo es aposta, él era un chico rubito, con una cara de niño travieso pero por desgracia vivía fuera de mi provincia.
Reconozco que mi filtro por aquellos entonces no contemplaba chicos de fuera pues ya es complicado quedar siendo de la misma ciudad, imagínate de fuera. El caso es que Adán y yo nos caímos bien en seguida, él curraba para una de las fuerzas del estado y saber que llevaba uniforme me ponía sólo de imaginarlo…
Fue así como finalmente pudimos quedar un sábado por la tarde, el llegó en su coche directo después de un viaje de algo más de una hora y media, bien vestido, peinado y perfumado. Me invitó a entrar y nos dimos dos besos, en el trayecto lo miraba de reojo y me convencía que en persona el chicho era mucho más lindo que en las fotos. Lo llevé a mi bar favorito que estaba en el centro de la ciudad, el cual frecuentaba últimamente demasiado con diferentes chicos, cenamos y en seguida conectamos. Era muy simpático y la conversación fluía estupendamente.
Después nos fuimos a tomar una copa para terminar de soltarnos pero duramos poco porque nuestra conversación se había vuelto un poco más picante de la cuenta y las ganas de “probarnos” nos podían. Así que nos fuimos a mi casa. En el ascensor Adán me echó contra una de las paredes y me empezó a besar y acariciarme, no sin que yo le siguiera y agarrase contra mi porque tenía la necesidad de sentirlo contra mi cuerpo.
Una vez dentro de mi piso me dispuse a poner una luz suave y música de fondo, no sé tú pero a mi la música me encanta cuando voy a hacerlo. Adán empezó a desnudarme y a besarme cada rincón que pillaba, primero la boca, luego el cuello, bajando hasta mis pezones…se deshizo de mis pantalones y tanga y me tumbó en el sofá para meterme mano y descubrir bien contento que estaba más que lista para jugar. Sin embargo empezó a besar mi monte de venus y lamer poco a poco mi entrada y jugar con su lengua haciendo círculos por mi clítoris, sabía muy bien lo que hacía y yo me dejé hacer.
Cuando Adán ya me tenía casi casi le dije que parase porque yo también quería darle placer, así que como aún seguía vestido, le cambié el sitio y empecé a desnudarlo. Le quité la camisa, los pantalones y el boxer…Creo que me sorprendí un poco cuando vi el pepino de Adán pues hasta ese momento no había visto nada tan grande ni gordo, pero me salió una sonrisa pícara porque sabía que esa noche si que iba a disfrutar.
Senté a Adán en el sofá y me subí encima de él a horcajadas, comencé a comerle la boca, lamer su cuello y mordisquear el lóbulo de su oreja con suavidad. Su perfume me embriagaba y me tenía encandilada, quería comérmelo, pero sabiendo lo que me esperaba abajo, me apresuré a tocar y lamer dicha herramienta.
Al principio empecé a masturbarle con mis manos, pero poco después pase mi lengua por su punta, me moría por probarla pero temía que no me entrase en la boca, así que de forma tímida empecé a probar y para mi sorpresa y la suya si que entró, por lo que me di un festín y por lo que veía Adán estaba disfrutando también, tanto que me dijo que yo también tenía que parar o sino se iba a acabar pronto la fiesta…
Para que engañarnos, yo estaba disfrutando dándole placer pero me moría por sentirlo dentro de mí, así que ya que yo estaba arriba decidí tomar las riendas y cabalgarlo, así podía controlar la situación por si me hacía daño. Comprobé encantada que no tenía ningún problema, es más me encantó, ningún tío me había llenado tanto en los dos aspectos y estaba feliz como una niña pequeña. Tomando las riendas arriba y con semejante herramienta me dejé llevar y a Adán le di fuerte, tanto que me corrí en nada.
Aunque menos mal que él no me hizo una “estrellita de mar” porque tenía ganas de verlo en acción, así que me cambió a cuatro patas y me dio lo mÍo, un azote por aquí, una embestida lenta otra más fuerte…Adán parecía saber qué quería en cada momento, que bien lo hacía el cabrón. Volvimos a cambiar esta vez para terminar tumbados yo abajo con las piernas cerradas y él encima de mi, ¿a qué sabes que postura me refiero? mama mia! que placer…
Tras terminar los dos exhaustos nos dimos una ducha y obviamente le invité a quedarse a dormir, algo que no me gusta pero ya que había venido de tan lejos me pareció mal no hacer. Por la mañana volvimos a tener un “second round” más agradable aún que por la noche si cabe y poco después se fue para su ciudad, dejándome con una sonrisa de oreja a oreja. Por fin un tio agradable que sabía lo que se hacía!
Volví a quedar una vez más con Adán porque como te contaba nos caímos super bien y habíamos congeniado muy bien en la cama. Lo malo es que al poco encontró una chica con la que después formalizó la relación y a día de hoy es su chica, sin duda una con muy buena suerte. Me quedé con las ganas de que se hubiese traído su uniforme para cumplir una de mis fantasías pero se que nunca es tarde para cumplirla…
Nos vemos en el próximo capítulo!



