
Foto de Allie Reefer
Esta historia comienza cuando decidí cambiar la mítica app de citas Tinder por Bumble, por una recomendación de una amiga. Es cierto que estaba cansada de encontrar siempre a la misma gente y ver que no fluía, por lo que me animé a probarla.
Esta app es del mismo estilo que la otra, pero es cierto que después de una semana me di cuenta que había otro tipo de personas y una tarde hice match con el que para esta anécdota vamos a llamar Migue.
El chico trabajaba de informático en remoto desde casa, vivía solo y en su perfil leí varios intereses que coincidían con los míos por lo que empezamos a charlar pronto. Estuvimos unos días conversando hasta que una tarde propusimos cita para el sábado, nos apetecía vernos en persona y ver qué tal nos caíamos.
Así fue como quedamos en un pub en mi pueblo para un café. El chico llegó puntual y venía vestido muy casual pero me gustó y la primera impresión fue buena. Nos sentamos en la terraza ya que queríamos aprovechar que hacía algo de sol. Coincidimos al pedir un café con Baileys.
Empezamos hablando un poco de todo para conocernos mejor, pero es cierto que al poco de estar sentados me di cuenta que Migue hablaba por los codos, no sé si era que al trabajar desde casa echaba de menos hablar con gente en persona o simplemente que le gustaba acaparar la conversación. De hecho, él mismo a cada rato me soltaba, “bueno cuéntame tú también”.
Viendo esta situación decidí pasar a la cerveza, pues sino no iba a ser capaz de aguantar semejante monólogo. Así que nos pedimos una cuantas y así descubrimos que ambos habíamos trabajado en el sector de la cerveza y es cierto que empezó a fluir la “conversación” algo más.
Nos pasamos al interior del pub pues empezaba a hacer frío y se estaba llenando el sitio. Nos tuvimos que poner cerca de la zona de juegos, por lo que estábamos rodeados de adolescentes, pero bueno, nosotros seguimos a lo nuestro, o bueno Migue siguió a lo suyo porque tengo que recalcar que estaba siendo testigo de un monologuista en toda regla…
El caso es que al final la cita iba avanzando y después de unas cerves nos achispamos lo suficiente para decidir si nos íbamos de allí. En este punto yo no estaba muy segura de si quería irme a casa con él porque el chico me tenía la cabeza como un bombo. Me acompañó al coche y cuando ya casi iba a abrir para irme, me metió boca.
Reconozco que Migue besaba bastante bien y en seguida me encendí, encima llevaba un tiempo considerable a dos velas y con las cervezas que me había tomado me animé a invitarlo a casa. Pasamos al sofá y comenzamos a besarnos y a desnudarnos. Al menos durante este momento el chico tenía la boca ocupada y no podía hablar…
Migue estaba fuerte, hacía ejercicio y se le notaba, pues marcaba abdominales y tenía unos buenos brazos. En un momento dado me pidió que apagase las luces, algo que me sorprendió pues los chicos suelen querer la luz encendida (o la mayoría) pero lo que hice fue cambiarlas a un tono rojo, para crear ambiente. En ese momento también aproveché para poner algo de música, a lo que el chico me comentó “¿esto qué es, música para follar?”, riéndose a carcajadas. Yo le dije que no, que simplemente era para tener algo de fondo, pero entre tú y yo, ya sabes que sí era para eso xD.
Pasamos a la cama y me bajé a hacer un downtown y descubrí que el chico manejaba una buena herramienta, así que me puse contenta pues sabía que iba a disfrutar de lo lindo. Durante el acto, Migue no paraba de decir que hacía un montón que no se lo hacían y que estaba encantado. Después de unos minutos me dijo que parase que quería hacérmelo a mí.
Estaba expectante a ver si la lengua la movía igual que cuando hablaba. Para mi sorpresa el chico lo hacía bastante bien, encima introdujo un par de dedos para jugar mientras lamía. Sabía bien lo que se hacía y poco a poco subió el ritmo hasta que por fin llegué al clímax.
Tras un momento de recuperación nos apetecía entrar en materia, tras los preliminares, así que condón en mano, Migue se enfundó y empezó a empotrarme. Primero suave para encontrar el ritmo y después más rápido, se le daba bien y encima esa herramienta que manejaba me estaba produciendo un gran placer. Le pedí que me cambiara a cuatro patas, me puso al pie de la cama pero sus embestidas hacían que cayera de la cama por lo que nos subimos a la cama para rematar la faena. Al cabo de unos minutos caímos desplomadas tras llegar al orgasmo.
Nada más terminar el chico me preguntó, “oye, ¿te importa si me ducho? es que es una manía que tengo”, pensé para mí que era echarle un poco de morro al asunto pero tuve que acceder…Así que mientras se duchaba recogí un poco las cosas para darle a entender que quedarse a dormir no era un opción (decirlo sin decirlo).
Cuando salió se vistió, me dio un beso y me dijo ya hablamos estos días. Aunque conforme se fue yo ya sabía que no iba a volver a llamarlo pues no me apetecía aguantar de nuevo un monologo de semejantes proporciones, ya que en algunos momentos me pareció quera más psicóloga que una cita.
¿Te has encontrado alguna vez frente a un monologuista? Estoy convencida de que sí! Cuéntame por comentarios! Nos vemos en la próxima aventura de aporta o empotra.