
Un día más navegando por una app de citas di con un chavalito muy mono, era rubio con los ojos verdes y tenía una carita de niño de no haber roto un plato. Era autónomo y se dedicaba al sector de la madera, por lo que pensé “seguro es un manitas”. Total, que como nuestros horarios eran un poco complicados decidimos tener una primera cita para ir a comer algo entre semana y así ponernos cara y conocernos en persona.
Nos fuimos a un sitio intermedio ya que los dos volvíamos al trabajo por la tarde, él venía vestido con un mono de trabajo, pues estaba en una obra currando y no le daba tiempo a arreglarse. A mí no me importó ya se sabe que muchas veces ver a un tío vestido de trabajo da más morbo que arreglado, lo que pasa que en este caso la primera impresión no fue del todo “oh que cañón de tío”. Estaba más delgado que en las fotos y tenía un aire de despistado…Total que nos fuimos a un bar de que había por la zona a comer de menú, un sitio que el conocía de otras veces.
Jose era de Córdoba y tenía el típico acento marcado con seseo, pues era de un pueblo, nos sentamos uno en frente del otro y pedimos algo para comer. Reconozco que estaba un poco nerviosa porque teníamos un tiempo limitado y obviamente había varias cosas que hablar. El caso es que el chico hablaba bastante y se esforzaba por ser simpático o más bien gracioso, pero el humor que tenía no me había ni pizca de gracia. No puedo darte un ejemplo concreto porque hace tiempo y no lo recuerdo bien, pero puedes quedarte con que era un “graciosete”.
El caso es que bueno, a pesar que no compartía ese humor, al menos el tío lo intentaba. Durante la comida estuvimos conociéndonos un poquito y decidimos quedar otro día con más tiempo. Por lo que pasados unos 3-4 días pudimos encontrar un hueco para volver a vernos.
Como era final de mes y ambos andábamos cortos de pasta me dijo de ir a su casa para invitarme a tomar algo. Vivía un pelín lejos de mí, pero ya que se había ofrecido a prepararme algo le dije que sí encantada. Cuando llegué el sitio era una casa mata bastante antigua, pero al menos vivía solo y la tenía limpia y recogida.
Me puso un picoteo y me puso una estrella galicia bien fría, así que ya me tenía medio ganada, pero sinceramente no fluyó la cosa para que pasara nada más encima al día siguiente madrugábamos así que esa noche me fui a casa sin postre.
Volvimos a quedar otro día, pero esta vez en mi casa, quedamos en que yo también iba a invitarle a cenar algo. Mi sorpresa fue cuando apareció en mi casa y en la mano traía una piedra, sí chica, una piedra. Me soltó “la he visto por el campo y me ha gustado, quería regalártela, seguro que es original y nadie te había traído una”. Desde luego que original era, pero seguro que ahora me entiendes un poco más cuando te decía que era “graciosete”.
Total que cenamos algo y tras algunas cerves y estar pegaditos en el sofá por fin hubo algo de roce, él era super tímido, pero yo estaba ya deseando de ver qué era capaz Jose, así que me lance a darle un beso y él se dejó llevar. Poco a poco se fue soltando y comenzó a desnudarme y tocarme, le dejé a su ritmo y madre mía que buenas manos tenía o mejor dicho, que dedos…El tío consiguió que me corriera en nada, a su favor voy a decir que ha sido uno de los pocos chicos que ha conseguido que en el primer día me corriera tan rápido solo con los dedos.
La cosa prometía con tremendo inicio por lo que pasamos a la cama para estar más cómodos. Beso por aquí, caricia por allí, hasta que llegó el gran momento, nos pusimos manos a la obra el chico preparado, pero no hubo forma de izar la bandera…Intentamos la reanimación de varias formas pero que va. Me quedé un poco parada y me contó que era algo que le pasaba habitualmente, que sabía que era psicológico porque además cuanto más lo pensaba más se rallaba, así que el pobre no conseguía empalmarse más de 5 minutos. Con razón había desarrollado esas habilidades con los dedos…
En fin, que volví a quedar una vez más con él por darle otra oportunidad pero que aquello era misión imposible así que decidí no volver a llamarlo y si te lo estás preguntando, la piedra la acabe devolviendo al campo que era donde pertenecía, ya que no me apetecía tener presente cada día al tío de la piedra…
¡Nos vemos en el próximo capítulo!