Imagen de Jill Wellington en Pixabay 

En una de mis muchas desventuras por las app de citas me topé con un chaval que creo que ha sido de las más locas que me han pasado. Me saltaré toda la parte previa para ir directamente al quid de la cuestión.

Miguel, era un tío de unos treinta y pocos con un cuerpo de gimnasio imponente, vamos que el tío estaba “mazao”, unos brazos y espalda enorme y encima era super simpático. Así que quedamos para cenar algo y conocernos en persona.

Cuando llegó, venía vestido de marca y oliendo a perfume, que no recuerdo cual era, pero era una delicia. Nos fuimos a un centro comercial por eso de que era la primera cita y nunca sabes qué puede pasar y bueno había avisado dónde iba a estar a mi mejor amiga por si las moscas.

Nos zampamos una pedazo hamburguesa con patatas y nos dimos una vuelta por alrededor, reconozco que la cena fue amena y la conversación entretenida, pero los dos teníamos ganas de lo que teníamos ganas, porque amiga por si no lo sabes, un pollazo a tiempo te quita de muchas tonterías y yo llevaba unas semanas un poco más estresada de la cuenta.

Así que Miguel me invitó a su caravana, sí caravana. El vivía a unos 40km de mi zona y se la trajo un poco para fardar pero sobre todo para tener un sitio privado con intimidad. La había aparcado cerca del centro comercial así que llegamos en seguida. Tras hacerme una visita guiada nos tumbamos en el sofá cama bien pegatidos, aquello era bastante agradable y acogedor y el chico estaba siendo muy atento y amable en todo momento.

Fue él quién rompió el hielo y se lanzó a besarme, obviamente yo le devolví el beso pues me moría de ganas por hacérmelo con él, así que nos dejamos llevar. Como hacía fresco, pues era octubre, estábamos bajo la manta y ya sabes el juego que da eso, por lo que nos empezamos a meter mano y a desnudarnos.

El tío me bajo el tanga para descubrir que yo ya estaba mojada perdida pues como digo Miguel me ponía un montón y llevaba tiempo a palo seco. Al comprobarlo se vino arriba y me lo dijo “me encanta que estés tan mojada”, así que me dejé hacer. Introdujo un dedo y luego dos para darme poco a poco placer y masturbarme. Me gustó mucho cómo me tocaba, se notaba que sabía lo que hacía y yo sólo podía disfrutar. Aunque estaba impaciente por sentirlo dentro de mi, por lo que me dispuse a masturbarle también y que sorpresa más buena me llevé cuando comprobé que a parte de ser grande arriba era grande abajo…

Estaba rozando la doble G (gorda y grande) por lo que me puse super contenta, como una niña con zapatos nuevos. Primero me senté yo encima para controlar, pues con semejante herramienta prefería llevar las riendas. No puedo describir la sensación pero cuando estás encima de una doble G, estás entre dolor y mucho, mucho placer, por lo que poco a poco la fui haciendo mía.

Lo cabalgué durante un buen rato, cada vez más adentro y más rápido. Tengo que hacer un breve apunte sobre Miguel y es que sus gemidos eran algo femeninos, me refiero, para ser una tío tan “mazao” me esperaba algo más grave pero tiraban más a agudos…pero no me importaba estaba en el calor del momento disfrutando y dejándome llevar. 

El tío me dijo de cambiar de postura para darme un poquito y obviamente cambié encantada, primero el misionero, luego a cuatro patas, me cogió en volandas y me empotró contra el baño mirándonos en el espejo…la escena no podía ser más erótica y caliente…después me llevó de nuevo a la cama y me tumbo boca abajo, me puso un cojín debajo del vientre y me levantó el culo para metérmela, uf…ahí fue cuando sucumbí con el orgasmo, menudo polvazo.

Extasiados nos dimos una ducha rápida y Miguel me invitó a pasar la noche con él, accedí ya que al día siguiente no curraba y eso me aseguraba otro pollazo o en mitad de la noche o al día siguiente. Así que nos acurrucamos en la cama, que ya te digo que a pesar en la caravana era muy cómoda y dormí demasiado bien para ser la primera vez. 

En mitad de la noche me di la vuelta de manera que estábamos haciendo la cucharita y Miguel se “despertó” con ganas de más así que volvimos a darnos un revolcón que fue si puede aún mejor. Nos volvimos a dormir y al día siguiente el tío me dijo ¿tienes prisa? y le dije no, ¿por qué? A lo que dijo “ahora verás”.

De uno de los compartimentos externos de su caravana sacó una moto de marchas y me preguntó que si me apetecía dar una vuelta, obviamente le dije que si porque hacia un día espectacular y me encantaba la idea.

Por lo que nos vestimos y nos fuimos por el paseo marítimo con el solecito a dar una vuelta con la moto. Yo estaba en una nube, pollazo del bueno y paseo en moto, parecía de película. Cuando terminamos volvimos a la caravana para desayunar algo y tener un tercer asalto…Después de terminar Miguel me dijo: “no es normal como follas, lo haces muy bien, si yo lo llego a saber te lo digo antes” y mi cara fue “que me dices antes qué”…

Miguel me dijo, ¿tú no te has planteado nunca cobrar? Yo llevo una casa de chicas y ganan muy buen dinero con esto. Eso sí tendrías que estar interna y no podrías salir pero tú decidirías cuánto tiempo te quedas…si sí amiga lo que estás leyendo me estaba proponiendo ser puta y el mi chulo…tu no sabes lo rápido que yo salí de allí. No me he vestido tan rápido en mi vida, sorteé el tema como pude y me escabullí. Creo que es lo más loco que me han propuesto en mi vida e imagino que a Miguel le funcionaba ese sistema de captación pues se notaba que era su “modus operandi” pero conmigo no lo iba a conseguir…

Nos vemos en el próximo capítulo!