Aquí estamos una vez más amig@, vuelvo con un nuevo capítulo en mi andadura por las apps de citas. En esta ocasión quiero hablarte de Manu. Un chico que conocí este verano. Andaba yo por Tinder tan distraída cuando de repente me topé con él. El perfil, he de reconocer, no era en el que me suelo fijar, pues tenía algunas fotos abstractas y solo un par de sí mismo. De hecho, no era para nada mi prototipo, pero leyendo sus aficiones y descripción decidí a deslizar a la derecha y…¡pum! hicimos match.

Recuerdo que el primer día empezamos a hablar con mucha fluidez porque teníamos un deporte en común y la conversación fluía muy natural, en seguida surgió el tema de quedar en persona para ver qué tal era esa química en vivo y así fue como un par de días más tarde tuvimos la primera cita.

Aquella tarde era una más para mí pues, como sabes, tengo una larga experiencia de “citas tinder”. Quedamos en un bar conocido para echar un cafelito con baileys sobre las cuatro de la tarde, demasiado temprano, pero Manu tenía luego que irse a unas clases de baile. Recuerdo que cuando lo vi por primera vez pensé que era demasiado bajito, creo que medía como 5-10 cm más que yo. El caso es que nos sentamos a la mesa, uno en frente del otro.

Para mi sorpresa la cita fluyó genial, la conexión fue inmediata, como por teléfono. Ademas, yo observaba su lenguaje corporal y cada vez se acercaba más a mi (se inclinaba hacía a mi). Creo que estuvimos un par de horas charlando animadamente, se nos pasó volando pero el tiempo se nos terminó porque él tenía que irse. Así que decidimos que era necesaria otra cita pero esta vez sin límite de tiempo…tu ya me entiendes…

Así que un par de días más tarde quedamos en un restaurante de mi zona para cenar. Nos pedimos una botella de mi vino favorito (ribera de Celeste), nos achispamos rápido porque no cenamos mucho, así que la conversación subió de tono. Empezamos a comentar cosas que nos gustaban en la cama. Él me confesó que hacia unos “downtown” bastante buenos y que encima algo que le encantaba hacer, así que te puedes imaginar cómo empecé a mojarme…Por mi parte también le dije que era algo que también me encantaba hacerle a un tío y pude ver como su mirada se oscurecía, imaginando la escena.

Una vez que terminamos de cenar nos fuimos a un pub cercano para tomar una copa y seguir con esa conversación que teníamos a medias. Allí encontramos que había un grupo tocando en directo. Había mucha gente y mucho ruido, pero conseguimos una mesa. Nos sentamos uno al lado del otro y entre el ruido y el calentón, comenzó un juego de seducción. Ambos empezamos a acercarnos cada vez más el uno al otro, un roce por aquí, un susurro al oido…hasta que nos besamos. Fue un beso cálido, suave y cargado de erotismo. Reconozco que me puse a mil en un momento, el beso duró un buen rato y las manos empezaron a deslizarse un poquito. Por lo que terminamos la copa y nos fuimos a mi casa porque, sinceramente, ya no podíamos aguantar más.

Una vez en mi casa hice el ritual de poner música de fondo y una iluminación sensual, quería tener un buen ambiente de empotramiento. Nos sentamos un momento en el sofá, imagino que algo tímidos, pero al segundo ya nos estábamos besando de nuevo. Queríamos volver a saborearnos, esta vez con un poco más de ansía y con la libertad de poder acariciarnos libremente.

Manu empezó a desnudarme, me quitó el top y el sujetador, con una maniobra rápida, y empezó a lamer y succionar mis pezones, al mismo tiempo que estrujaba mi pecho. Mientas yo empecé a besarle la boca y me deslicé hasta su cuello a la vez que le tiraba del pelo para llegar mejor. Me monté encima de él y le quité la camisa, mientras seguí bajando para lamerle los pezones, cuando descubrí que gemía de placer, pues era uno de sus puntos más erógenos.

Después Manu me levantó para quitarme la falda y llevarme para la cama. En ese momento aproveché para quitarle los pantalones y dejé que se me tirara encima para comenzar el baile…Estaba expectante para ver de qué era capaz y qué sorpresa tenía para mí. En seguida me quitó el tanga y comenzó a explorarme. Un lametón por la ingle, otro por mi monte de venus hasta que por fin entró en faena.

El chico empezó a hacer su magia, comenzó a lamer, chupar y succionar a buen ritmo, averiguando cómo iba respondiendo, mientras introdujo un par de dedos para explorar la zona. Fue subiendo el ritmo poco a poco, en un momento dado dejó de chupar para hacer el famoso “spiderman” con libertad y de buenas a primeras, algo pasó…no lo puedo explicar porque nunca antes lo había experimentado, pero resulta que hice un “squirting”. No sé cómo pasó, eso solo lo sabe Manu, que sabía muy bien lo que se hacía y así fue como empapé un poquito la cama…

El caso es que no había tenido orgasmo, por lo que paramos un poquito para recomponerme y ahí fue cuando tomé las riendas de la situación. Me puse arriba para dominarle y comérmelo como tenía ganas de hacía rato. Él seguía con los bóxers puestos, por lo que se los quité y ¡oh nou!, tuve un momento de pánico porque por un momento vi un fantasma del pasado, un “toyota auris” pero me dije a mi misma: “es de sangre, es de sangre” Pero no, reconozco que no era el auris, pero no llegaba a la media…pero bueno, no me rayé pues el chico acababa de conseguir que por primera vez en mi vida hiciese un squirt y el tamaño no lo es todo.

Así que me bajé a hacerle yo un downtown pero tuvimos algunas dificultades técnicas, pues no conseguimos que estuviese erecto al 100% pero después de un ratito y con ayuda lo conseguimos. Lo cabalgué un ratito, pero en seguida le pedí que me pusiese a cuatro patas, una de mis posturas favoritas. Aquí Manu ya no tuvo ningún problema y estuvo a pleno rendimiento y reconozco que me estaba encantando y no me importó nada el tamaño. 

Después Manu me dio la vuelta y volvió a hacerme el “spiderman” y esta vez estaba aún más mojada y cachonda que la primera vez por lo que empecé a notar que me llegaba el orgasmo y ahí fue cuando exploté, pero de verdad. Hice un segundo squirting y esta vez fue a lo bestia pues le llené todo el pecho y mojé media cama. Una locura amig@. Jamás me había pasado, por lo que puedes imaginar mi fascinación en ese momento. Lo flipé, vaya. 

Tras semejante escena no nos quedó otra que parar para secarlo todo porque como te decía fue una bestialidad. Yo toda engustada y Manu con el pecho henchido de su hazaña. Nos tumbamos en la cama y al poco nos quedamos fritos, pues eran ya las tantas de la madrugada. Si, otro cita tinder que se queda a dormir…Sinceramente no tenía fuerzas para pedirle que se fuera y menos después de dicho squirt. A la mañana siguiente nos despertamos y hubo sesión matutina, esta vez más calmados y mejor. Volví a correrme gloriosamente, esta vez normal sin squirt, pero no sabía que podía pasar, visto lo visto.

Durante el verano estuvimos quedando como dos meses, parecía que la cosa iba a ir a más, pues incluso tuvimos una conversación para tener exclusividad, hasta que una tarde con unas amigas, que querían saber cómo era Manu, entré en su perfil de tinder para enseñárselo cuando descubrí que había cambiado fotos…Para no enrrollarme mucho porque es largo de contar, tuve una conversación con él y me contó una milonga, pero además surgió algo más preocupante y era que no se encontraba al 100% en la relación por varias movidas que tenía en su vida. El caso es que yo le dije que no podía iniciar algo con una persona en esta situación y así fue como terminó mi episodio con Manu, del cual guardo buen recuerdo porque ha sido el primero y único que ha conseguido que hiciera no uno, sino varios squirting, algo que yo consideraba que no era capaz.

Nos vemos en el siguiente capítulo!

PD. A los chicos que leéis este blog, por favor aprended a hacer ese spiderman!