Esta historia es curiosa, conocí a este tío hace como siete años por una app de citas y llegamos a quedar pero no pasó nada. Por aquellos entonces yo tenía una regla en la que no dejaba que mis citas pasasen al dormitorio, lo que tuviese que ocurrir pasaba en un cómodo sofá-cama en el salón. Es por eso que, llamémosle Julio, se rayó y solo se tomó una copa y se fue. Después de esa cita me olvidé de él e incluso borré su número de teléfono.

Sin embargo, hace poco me lo crucé estando con unas amigas en un bar, fuimos a escuchar un grupo que hacía versiones de música de los 80´s. En el momento dudé si era él porque, como te contaba, habían pasado siete años y no estaba segura. Por un momento pensé en saludarlo, ya que las cuatro cervezas que me había tomado me animaron un poco, pero tuve un momento de lucidez y pensé que lo mismo estaba con pareja y no me apetecía llevarme un chasco. Así que me fui a casa “cantando bajito” pero sola. Eso sí en el camino de vuelta me acordé de su nombre.

Al día siguiente recibí un whatsapp de un número que no tenía, decía: “cabrona, estás igual”. Inmediatamente sabía que era Julio y le contesté que decidí no saludarlo en el bar porque no estaba segura si era él y si había venido con alguien. A él le paso un poco lo mismo, me vio con mis amigas y le dio vergüenza. Su siguiente frase fue: “oye…ver si quedamos para…”, a lo que yo le contesté, ¿si quedamos para qué?, que ya tienes una edad, Julio,” porque necesitas saber que este tío es nueve años mayor que yo, por lo que me parecía un poco infantil andar con rodeos siendo los dos tan adultos.

Así que quedamos al viernes siguiente. Tras debatir el tema del sitio, finalmente fuimos a un restaurante de mi zona y se ofreció a venir a recogerme, pero entre tú y yo, esa era la jugada fácil, así tendría que traerme a casa y…, bueno ya sabes.

Me costó elegir sitio porque Julio no bebe cerveza, que por cierto para mí es un punto negativo porque yo soy más de cerve, pero a su favor diré que si bebe vino. Al final necesito que la otra persona coja ese puntito de “alegría” me da igual cómo, pero que estemos en el mismo nivel. Total, que vino a casa a recogerme y cuando salí a la calle lo vi esperándome fuera del coche y me miraba de arriba abajo, según él, se le caía la baba. En el anterior encuentro del bar yo llevaba una camiseta y vaqueros normalitos, pero para esta cita me había preparado a conciencia.

En el camino en el coche había miradas y risas cómplices, de hecho yo le solté algo así como, “¿sabes que cuando nos conocimos no llegamos a quedar?” y me dijo, si que quedamos, de hecho, tenias un apartamento en tal zona y no me dejaste pasar al dormitorio….en ese momento dije tierra trágame… porque no me acordaba…pero rápidamente le dije, bueno todo eso es verdad pero no llegó a pasar nada…y me preguntó ¿segura? y yo sí sí, segurísima ¿por qué tan segura? Y le confesé, “porque no estás en mi lista…jajaja”. 

Llegamos al sitio, que previamente había reservado, en seguida le encantó ya que era un restaurante muy acogedor donde había una inmensa carta de vinos y buenos platos de carne. La cita fue muy fluida porque ya en el coche habíamos soltado un poco los nervios y obviamente una botella de vino entre dos, ayuda.

Tras cenar, nos fuimos al local de al lado, un sitio de moda en el barrio para tomar una copa. Ahí fue donde terminamos de soltarnos y Julio me besó. Había un grupo en directo cantando canciones y nos fuimos animando hasta que decidimos irnos de allí. Me llevó a casa y me preguntó si podía subir, a lo que yo le contesté que sí, pues imaginarás que iba más que “contenta”.

Pasamos a mi casa y empezó “el baile”. Me gustó mucho como besaba, no podía parar de besarle, pero mis ganas de saber qué me perdí hace siete años me podían así que empecé a acariciarle desde los hombros hacía abajo…cuando llegué a los pantalones me encontré un “buenas noches” más que abultado. Empecé a desnudarlo, camisa, desabrochar cinturón, bajar pantalones… pero en un momento, Julio no me dejó seguir pues quería desnudarme él a mí.

Me tumbó en la cama y cuando me tuvo completamente desnuda se bajo a hacer un downtown, sin pedirlo, que me encanta. He de decir que no se lo montaba mal, pero no usó los dedos, algo imprescindible para mí, ya que me ayuda a disfrutar más. El caso es que me puse a cien y en un momento dado me cambié de postura para hacerle disfrutar. En postura de estrellita de mar, Julio estaba deseando ver de qué era capaz, así que me dispuse a quitarle el bóxer, que aún llevaba puesto, y por fin descubrirlo. Ahí estaba, un tamaño considerable, tirando a grande y encima gordita, la casi doble G. Estaba más contenta que una niña pequeña, sabía que iba a disfrutar a lo grande.

Empecé a chupar y lamer sin medida, viéndolo disfrutar, tras un rato me pidió un condón para “sentirnos”. Así fue, me quedé arriba, llevando las riendas de la situación, algo que me encanta. Me lo llevé al sofá para cabalgarlo a gusto y ahí fue cuando vino el primer orgasmo. Después le dejé hacer porque quería ver cómo se movía. Un ratito a perrito y “puf” terminó él. Tras terminar exhausto me preguntó si podía quedarse a dormir y siendo tan tarde le dije que sí. Total, la primera vez que quedamos no le dejé pasar al dormitorio, era algo que le debía.

Después de ese encuentro volvimos a quedar unas tres veces más, una de ellas con lencería y tacones que merece un post aparte, y en la última le saqué una conversación que yo necesitaba. Veía que la cosa fluía y ya no me apetecía seguir en la app de citas sino que quería “iniciar” algo con Julio. En ese momento él me dijo que se sentía también con ganas y que le apetecía intentarlo, que de hecho consideraba que quedábamos poco y que debíamos hablar más a diario (hablábamos por whatsapp cada dos o tres días). Así que estando en sintonía nos fuimos a celebrarlo con un polvo.

Al poco de ese encuentro quedamos dos días más tarde, la cosa fluía por parte de los dos y se notaba, nos apetecía vernos y ahogar las ganas…pero…en el último encuentro él no se corrió y en el momento observé cómo se rayaba. Se fue a su casa y hubo tres días sin contacto alguno. Al tercer día le escribí como si nada, aunque ya sabía que le pasaba algo. Me contestó: “hola guapa, pues ando rayado por lo que pasó el otro día, bueno lo que no pasó, uf…” Decidí llamarle pues no me gusta ese tipo de conversaciones por escrito porque tienden a malos entendidos.

Cuando descolgó le contesté con un desenfadado “¿qué le pasa a mi sugar daddy? (pues es como cariñosamente le llamaba por la diferencia de edad) en seguida lo noté raro, me soltó algo así como ”pues que estoy muy rayado por lo del otro día, que no puede ser” Yo, por suerte o por desgracia tengo experiencia en la soltería y sabía que era, como se dice en inglés “bullshit”. Le dije, serenamente, que sabía que yo soy una tía que no necesitaba excusas que si estaba viendo a otra tía o yo no le cuadraba que lo dijese que no había problema, que prefería las cosas claras. Ahí fue cuando dijo “es que me estoy rayando con el tema de la diferencia de edad” y ya le dije que no le entendía.. quedando más de un mes y ¿ahora con esas? Además que no me parecía correcto tener esa conversación por teléfono, que era mejor en persona. Se despidió diciendo “hablamos estos días”, esa me jodió porque puedo entender que necesites tu tiempo, pero habían pasado 3 días y a esas alturas él ya sabía qué quería o que no quería en este caso.

Chicos/chicas que leéis este blog, quería daros un consejo desde mi humilde opinión y con la experiencia de varios chascos a mis espaldas, por favor tened la suficiente responsabilidad afectiva para dar un paso adelante y decir lo que queráis y lo que no. Sobre todo para no dar falsas esperanzas a alguien. Pero también lanzo una pregunta, ¿era una excusa de mierda porque no tenía huevos a decirme que no quería nada conmigo? o ¿realmente se puede rayar alguien con el tema de la edad en pleno 2024?

Gracias como siempre por vuestro apoyo, os veo en próximos post!

Andaba yo aburrida por el mundo de las app de contactos cuando conocí a Juan. Un chico del montón, pero que tenía algo. Un chico del centro que tenía cierto misterio, pero que se veía a la legua que era un “friki” en toda regla.

El chico además de tener un canal de Twicht, se dedicaba a hacer manualidades varias. Tenia una impresora 3D, hacía muebles de madera y lo que se propusiera.  Intentamos quedar un par de veces pero no coincidíamos, hasta que por fin se dio la cita.

Quedamos una tarde antes de irme de viaje y puesto que habíamos estado chateando y hablando bastante decidimos quedar en mi casa para tomar un “vinito”. Reconozco que cuando lo vi en persona me decepcioné un poquito pues su postura era un poco encorvada y era bastante “canijo”.

La conversación fluyó desde el principio, los dos teníamos buen palique y la cosa estaba poniéndose interesante por momentos, así que pronto rompimos el hielo y empezamos a besarnos, gracias también al vino.

Dicen que un beso te puede dar mucha información de la persona que tienes delante, si hay química y demás. Yo después de haber besado ya a unos cuantos, con mi historial de soltera, no puedo decir lo mismo, pues no era nada del otro mundo la verdad.

Sin embargo, hay que dar el beneficio de la duda porque la cosa cambió cuando entró en acción. El niño rata, como le bauticé por su lado friki, sabía muy bien lo que se hacía y tengo que admitir que esas manualidades la habían dado bastante habilidad con sus dedos. Empezó a tocarme tan bien y solo con sus dedos, que no sé si fue su pericia o mi “sequía”, pero no aguanté ni 5 minutos, cosa que muy poca gente ha logrado porque soy algo complicada. Encima tenía una herramienta bien dotada que hizo el resto.

Así fue como Juan me enganchó, empezamos a quedar en lugar de 1 vez a la semana hasta 2 y 3 veces. Unas veces en mi casa y la mayoría en la suya, ya que él no tenía coche. Afortunadamente él vivía en su piso solo, bueno casi, con dos gatos. Uno que era una amor y otro que había que pedir permiso para pasar delante de él. Además me llevaba a muchos restaurantes del centro de la ciudad y me enseñó varios muy buenos. Así comía y me comían muy bien…

Él en ese momento no trabajaba, estaba cobrando el paro y se sacaba un sobre sueldo con los directos que hacía en Twicht, A mi me gustaba porque aprendía más de ese mundillo, algo que luego lo trasladé a mi vida de forma totalmente amateur. Esa situación le daba mucha disponibilidad y empecé a incluirlo en planes con mi círculo, algo que no suelo hacer porque no había tenido mucha suerte con la gente que he conocido en las apps.

Una tarde nos fuimos al autocine, una novedad en la ciudad y encima daban la segunda parte de Top Gun, una de mis pelis favoritas. Quedamos con otra pareja y nos fuimos un rato antes para ver aquello, que por cierto estaba muy bien montado con bares para tomar algo y cenar. El plan estaba muy guay eso de ver una peli en el coche como hacen los americanos. 

El caso es que al día siguiente sin esperármelo Juan me dijo que tenía que hablar conmigo. A mí me pareció raro, pero en seguida lo soltó, “necesito un tiempo”. Sí, así tal cual…Me quedé a cuadros, no entendía nada y le pedí que al menos lo hablásemos en persona, ya que después de un tiempo yo creo que era lo mínimo. 

Apareció en mi casa esa misma tarde y todo era ya muy frío, nos saludamos con dos besos y vino a explicarme porque necesitaba un tiempo. En resumen, entre tu y yo, era que quería estar soltero para buscar nuevas tías, porque me vendió que si no se qué de la rutina…. Así que así  de un día para otro dejé de hablar con el niño rata.

PD. Después de un año me escribió al whatsapp diciéndome “oye, que tal, no busco nada, sólo quería saber qué tal te va y si estás bien”. En ese momento lo dejé en visto y pasé a bloquearlo (que no recuerdo por qué no lo había hecho antes)

Nos vemos en el siguiente capítulo!

Esta historia creo que es de las más entretenidas porque tiene de todo. Os pongo en situación. Resulta que el chico de esta historia era alguien que yo conocí siendo una adolescente, todas en el instituto estábamos como locas por él. Era el típico malote buenorro que hacía que todas suspirásemos por él. Era un chulo, pero podía. Alto, moreno, ojos claros y encima estaba tó potente. Vamos que nos ponía a cien.

En aquella época yo era mucho más tímida y me sentía mas insegura con mi cuerpo pues estaba bastante más rellenita y yo veía a Manu como algo inalcanzable. Por lo que nunca me atreví a decirle nada, sobre todo porque viendo de las tías que se rodeaba sabía que nunca se fijaría en mí

Pero la vida da muchas vueltas y hace unos meses retomamos el contacto. Nos encontramos en una red social por casualidad y comenzamos a hablar. Cotilleé un poco su perfil y vi que los años le habían tratado bien, pues estaba igual o mejor que antes. Así que nos pusimos al día y vi que Manu estaba muy receptivo y ,chica que quieres que te diga, era un espinita clavada que tenía desde adolescente, por lo que aproveché la situación para tontear un poquito y ver hasta donde llegaba aquello.

Aunque hablábamos de vez en cuando, las conversaciones se hacían cada vez más entretenidas y mas subidas de tono, hasta tal punto que nos animamos a hacer un poquito de “sexting” y que buenos ratos pasábamos. Pero aquello se nos estaba quedando ya pequeño pues la tensión sexual era más que evidente y siempre hablábamos de quedar pero nuestras situaciones personales lo hacían muy complicado.

Hasta que un día, afortunadamente para los dos, él tenía que venir a la ciudad para hacer un examen. Lo preparamos todo con bastante antelación, queríamos asegurarnos de poder tener esa cita pendiente que tanto tiempo habíamos estamos esperando. 

Yo me preparé a conciencia y cuando digo esto lo digo en serio. Resulta que justo unos días antes me había bajado la regla y yo estaba angustiada pensando que no iba a terminar a tiempo y así fue, el día de la cita aún estaba “manchando”. Así que pensé, esto no me va a joder la cita y me puse una “esponja tampón” para que no hubiera ningún drama. Me arreglé, me puse crema en todo el cuerpo y mi mejor perfume, ya que por fin iba a tener ese ansiado encuentro.

Él se había pillado un hotel, así que me fui para allá. Sabíamos lo que queríamos, no era necesario ningún preámbulo…Cuando me abrió la puerta apareció en pijama, estaba todo acoplado en la cama, yo me quité los zapatos y me tumbé junto a él. Creo que charlamos unos cinco minutos cuando pasamos a la acción. 

¿Estás nerviosa?, me preguntó. No, le dije. Así que empezó a comerme la boca y a desnudarme. La ropa empezó a volar por la habitación y pronto me puso de rodillas para que le hiciera una mamada, yo ya sabía que tenía un punto dominante pero a mi eso me gusta por lo que accedí encantada. Le bajé los pantalones y los bóxers y vi la herramienta que gastaba Manu. Una doble G en toda regla. Yo mas contenta que una niña pequeña. Así que empecé a lamer y chupar poco a poco y creo que no pasaron ni dos minutos cuando me pidió cambiar de posición para hacerme un “downtown”. Me moría de ganas por ver qué era capaz de hacerme y me ponía mucho verlo entre mis piernas por fin. 

Me subió las piernas mientras me lamía y succionaba, yo le cogí del pelo para marcarle el ritmo, una de las imágenes que jamás olvidaré

Me subió las piernas mientras me lamía y succionaba, yo le cogí del pelo para marcarle el ritmo, una de las imágenes que jamás olvidaré pues por fin había conseguido que Manu estuviera donde tantas veces habíamos hablado y que tras no atreverme a entrarle de adolescente, si que lo había hecho de adulta. Estuvo unos cinco minutos por ahí abajo pero los dos estábamos deseando de “probarnos”

Tras ponerle el condón me subí encima dispuesta a cabalgar, sin embargo creo que fue sentarme y decirme “tenía que haberme puesto yo arriba”, entendí que él estaba muy cachondo, no sé si era por la situación, porque llevaba tiempo a dos velas pero estaba demasiado excitado y accedí al cambio para que llevara el ritmo. 

A pesar de que era él quien marcaba el ritmo no conseguía controlarse pues cada dos embestidas tenía que parar porque se iba a correr. En ese momento le dije que no pasaba nada que podía dejarse llevar y luego retomábamos pero me dijo que iba a ser peor porque luego le costaba recuperarse aún más. Por lo que íbamos despacio para que no se fuera…

El problema es que no había forma, creo que aguantó unos dos minutos más encima y aunque cambiamos de postura iba a peor, por lo que finalmente no pudo aguantar y se corrió. Creo que no aguantamos ni 15 minutos haciéndolo, pero lo peor fue que ni siquiera sugirió de seguir para que yo pudiera terminar, porque obviamente yo ni había empezado.

Así que bueno tras despedirme rápidamente, viendo el percal, cogí mis cosas y me fui a casa. Como estaba arriba pensé que podía terminarme yo solita, fui ahí cuando caí en la “esponja” y en que la doble G la habría metido bien hasta el fondo…Efectivamente amiga, ¡en qué momento se me ocurrió ponérmela! Cuando yo eché mano para sacarla no la encontraba.

Me vi algunas paginas con recomendaciones para extraerla, así que me dispuse con la mejor voluntad, pero aquello era misión imposible. Después de 30 minutos mi paciencia estaba llegando a su fin, me veía en urgencias diciendo que era incapaz de sacarme aquello, pues imagina intentar sacar algo con un dedo cubierto de lubricante y sin nada para hacer pinza…te puedes imaginar lo complicado del asunto. Pero para mi sorpresa diez minutos mas tarde, con mucho sudor y esfuerzo, salió.

Por lo que el polvo platónico con Manu no me salió a cuenta ya que me quedé insatisfecha y casi acabo en urgencias con el drama de la esponja dichosa, así que si alguna vez os lo habíais planteado, mi sugerencia es que NO la uséis, no vale la pena! Y como dice un buen amigo mio, a veces las cosas son mas bonitas en la imaginación…

Nos vemos en el próximo capitulo!